viernes, diciembre 2, 2022

Quirófano 3, el lugar de las almas que penan

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Viviana escucha y ve muertos desde que era una niña; ahora realiza sus prácticas profesionales en un hospital y se topa con espíritus de personas que siguen en busca de su descanso

La puerta del quirófano tres se cerró de repente, Viviana se asustó, corrió hacia la salida y al querer cerrar la puerta, una fuerza extraña lo evitó; ella sujetó la manija con todas sus fuerzas, pero no logró su cometido y supo que en ese quirófano había un espíritu que quería contactarla, como muchos otros que encuentra en cualquier lugar y en cualquier momento, pero ella tiene miedo. Viviana vive en Mineral de la Reforma, Hidalgo, y actualmente tiene 23 años y realiza sus prácticas profesionales en el Hospital Militar de Santa Lucía y es ahí donde ha frecuentado a los espíritus, mientras realiza su labor de cuidar a pacientes que están en este nosocomio.

«Ya hay varios compañeros a los que han asustado», dice Viviana, quien asegura que en el sitio que les han asignado para descansar pocos lo frecuentan, «porque se escuchan risas y a veces sientes que te tocan, así que evitamos ese cuarto», platica. Viviana ve a los espíritus que pululan por todo lugar. Su mamá y su papá le cuentan que desde niña tiene ese «don», ya que gustaba por jugar sola y hablar como si estuviera acompañándola alguna persona. «Todo esto empezó desde que era chiquita, tenía como cuatro años pero hay cosas de las que no me acuerdo, pero me comentan que me ponía a platicar con personas, pero no había nadie, salía a jugar sola y le decía a mi papá que un niño me pedía que me saliera de la casa», dice. Fue consciente de esta capacidad de ver a espíritus pocos años después, cuando cumplió los ocho, y fue en casa de una prima que vive en Venta Prieta en donde vio a un espíritu, pero desde ahí, el miedo se apoderó de ella. «Había dos pasillos en donde estaban los sanitarios, no había nadie, así que me fui al final de uno de estos cuando comenzaron a azotarse las puertas, pero no hice caso. Cuando salí para lavarme las manos, en el espejo vi la silueta de una mujer, del otro lado del pasillo y ahí supe que era el miedo. Salí corriendo», narra. En este sentimiento que recorre su cuerpo, mientras su piel se eriza, ha optado por ignorar cada ente que se acerca a ella, «porque hay veces que tratan de hablarme, pero los ignoro porque no quiero tener contacto con ellos, me dan miedo», dice. Esta situación ha pasado también en su casa. Cuenta que meses atrás, una vecina fue asesinada por su esposo y ahora, ella se le aparece. «Ella vivía a unas ocho casas de donde viven mis papás, y cuando salí del baño, ella estaba ahí y la vi fijamente, y de ahí su presencia se hace cada vez más frecuente. Ella tiene una mirada triste, pero no quiero saber lo que me quiere pedir o decir», dice. Platica que su mamá es la que reza y coloca veladoras para ayudar a esas almas a continuar su camino, Viviana la apoya cuando, aunque no es siempre, ya que esta situación no es agradable para su vida. «Estudiar enfermería me ayudará a darles un mejor trato a las personas, y si no podemos hacer nada por ellas, hablando clínicamente, quiero ofrecerles lo que me gusta hacer. «Hay gente que se queda en el hospital por malos tratos y siento que debo darles el mejor trato para que, en caso de que fallezcan, su alma descansen y no estén penando», concluye.

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